viernes, 19 de octubre de 2012

Nunca seré una buena música.


Me han cambiado el corazón por un piano desafinado. Le faltan teclas, pero late como puede. No sabe tocar ninguna canción, porque no tiene suficientes partituras, se limita a tocar la nota más aguda todo el rato, la que duele. En su interior habitan ratones y fantasmas, hay telarañas y vidrios rotos de algún gran ventanal construido de ilusiones que alguien rompió. Dicen que alguien murió aplastado por mi piano, que cayó del cielo, como en los dibujos animados. A veces me siento delante de el y miro su roída silueta, sus amarillentas teclas, oigo sus acordes mal planteados, chirriantes, y entonces recuerdo que son los latidos de mi corazón, y me entristezco. Que pena no poder hacerlo sonar bien, que pena no saber tocar el piano.

No hay comentarios:

Publicar un comentario