"La muerte es la libertad (pero la libertad sin opciones es un regalo del diablo)"
Miras a tu alrededor con lentitud y sientes que nada de lo que has hecho hasta este momento tiene sentido. Es una sensación envuelve tu garganta como si fuera una anaconda, de una manera lenta y sigilosa, tanto que al principio no te das cuenta y cuando quieres escapar ya es tarde…te aferra con fuerza y no te permite respirar. El aire no llega a tus pulmones, el corazón late con fuerza y sientes que tu vista se nubla. Luchas hasta que tus músculos se niegan a responderte, gritas pero de tu voz es solamente un sonido lastimero, intentas desesperadamente que alguien te escuche pero nadie lo hace. Lo sabes, estás condenada a ahogarte pero sin morir. Esa certeza llega a tu mente con una claridad que te destruye. Las lágrimas mueren antes de caer, los milagros se vuelven inverosímiles antes de que tengas tiempo para desearlos, la esperanza resulta no ser más que un concepto inventado por algún demente idealista.
Hasta la muerte sería mejor.
Tienes ambos pies sujetos por pesadas cadenas de ideales muertos. Te han atado las manos a base de golpes de realidad. Te han sujeto a la tierra firme con sogas hechas a con la sangre de tu propio esfuerzo. Te han quitado uno a uno todos tus sueños, dejándote desnuda frente al fracaso y lo peor, te hicieron creer que fue tu culpa.
Te ves sola, te ves sola y tan vacía como un edificio derruido por el tiempo que se va cayendo poco a poco. Desearías que te demolieran de un golpe seco, porque inyectarte la muerte en pequeñas dosis es lo más inhumano que pueden hacerte.
Has dejado de luchar, te has convertido en una marioneta manejada por los hilos de quienes te desprecian. Es irónico, sólo te queda vivir para aguardar el final. Un final, que ruegas, llegue pronto.