Elisse siempre reía. Elisse siempre olvidaba. Le resultaba tan fácil cerrar los ojos, dejarse llevar, evadir el pasado, retener las lágrimas. A Elisse le habían roto tantas veces el corazón que ya era imposible volver a encajar todas las piezas restantes. Pero no importaba, no importaba que su pecho estuviera lleno de recuerdos asfixiantes, de rencores sordos, de “perdones” dichos a medía voz, de un dolor recluido en un chaleco de fuerza y encadenado en la parte más oscura, al fondo, donde nadie podría encontrarlo. Elisse tenía un sabor constante a desilusión en los labios y el miedo de perder la nada entre sus manos. Elisse no tenía ningún motivo para seguir, sólo seguía para encontrar motivos.
Elisse se miraba al espejo diez veces al día pero nunca veía nada que le gustará. No sabía que la asustaba más, si sus ojos, oscuros, tristes, encendidos de nostalgia, de esperanzas rotas. O si era su sonrisa lo que más miedo le daba, vacilante, aparente, vacía. Y nadie se daba cuenta.
Elisse siempre luchaba. Elisse siempre perdía. Tenía las manos llenas de expectativas frustradas, de ideales inútiles, de su propio fracaso…
Elisse estaba cansada de mirar al fracaso a los ojos y de que este le devolviera la mirada con una sonrisa sardónica dibujada en su cruel semblante.
Elisse siempre soñaba al comienzo. Elisse siempre huía al final. Elisse caminaba con la sombra del miedo devorando su propia sombra, eclipsando su frágil luz. Elisse tenía demasiadas cosas para decir y nadie que la escuchará realmente. Elisse, sólo Elisse.
Incomprendida, apartada, lastimada.
Tenía el corazón-ese, el mismo que había sido escarnecido miles de veces- lleno de cicatrices invisibles, de heridas abiertas que nunca cerrarían, de costuras a punto de estallar.
Pero Elisse fingía. Ella era fuerte, tenía que serlo, porque era lo único que le quedaba. Porque era lo que todos esperaban. Entonces levantaba muros, defensas de metros de altura, cavaba fosas alrededor de sus sentimientos y los encarcelaba en lo más profundo de las celdas más oscuras.
Elisse era experta en el arte del engaño. Maquillaba sus peores miserias con la risa y disfrazaba su dolor con las ropas coloridas del “no importa”. La vida de Elisse siempre sería un circo.
Y por más de que un su interior una avalancha estuviera derrumbado lo poco de sí misma que le quedaba, Elisse alzaba la cabeza y secaba las lágrimas antes que alguien tuviera la oportunidad de verla corriendo por sus mejillas.
El único consuelo que le quedaba a Elisse era el tiempo aunque el tiempo fuera a la vez su peor enemigo.
“Sigue adelante con la frente alta, Elisse, no importa si cada vez que intentas avanzar terminas retorciendo, algún día vas a llegar a algún lado, aunque ese lugar sea la muerte”
Se lo dice, se lo repite, se lo cree y se inventa la fuerza allí donde ya no la hay. Elisse siempre ha sido una luchadora de las causas perdida y, por eso, sigue luchando por ella misma, aunque eso siempre la termina lanzando al más profundo de los abismos.
Sí, Elisse, para eso naciste, estas destinada a caer sin nunca tocar el suelo. Ese es tu destino, esa es tu suerte.
Pero Elisse no se resigna.
lunes, 24 de septiembre de 2012
I wanna know what love is
I wanna know what love is
(I know you can show me)
Nada de lo que veía en el espejo le
gustaba. Su nariz era demasiado afilada, estaba excedido de peso y su piel
oscura no lo ayudaba. Apretó los dientes con tanta fuerza que casi los
redujo a polvo. Intento mejorar su postura, sacar pecho, esbozar una gran
sonrisa pero nada lo volvía más atractivo ante sus propios ojos. Las lágrimas
quemaban en sus ojos pero no podía llorar. Era hombre, no podía fallar en eso
también. Llevó sus grandes manos hasta su rostro y delineó sus facciones.
Duras, cuadradas, desprovistas de toda armonía.
Lyon era un joven atípico,
diferente. No le gustaban las mismas cosas que a los demás. Su vida había sido
un constante ir contracorriente. No por placer, no por reconocimiento, sólo
porque estaba arraigado en su esencia. Disfrutaba más sintiendo la
textura de las páginas amarillentas en sus dedos cada vez que volteaba la página
de un libro que estar en medio de una multitud asfixiante dentro de una
discoteca que ponía música electrónica a volúmenes que enloquecerían hasta un
sordo. Lyon era un curioso, Lyon era un visionario. Le encantaba aprender cosas
nuevas y mientras más excéntricas fueran, mejor. Lyon era un poquito neurótico aunque nunca lo reconocería.
Lyon no se veían tal cual era frente
al espejo. Una idea irracional había echado raíces en su alocada-pero
maravillosa- mente. Sentía que era una mala persona. Sentía que hería a lo
demás aún cuando no lo hacía. Su inseguridad era tan grande que no se permitía
ser feliz. No creía merecerlo. No podía imaginar quién podría ser capaz de
quererlo. Todo su ser lo gritaba. Un odio arrasador habitaba en su interior, lo
carcomía como un gusano que se alimentaba de todo lo bueno que tenía para dar.
Un odio que salía y volvía hacía él para destrozarlo. Lyon se odiaba. Lyon era
un poco cobarde.
Levantaba muros a su alrededor y
eran poco los afortunados que podían traspasarlo. Virginia no había
tenido esa suerte. Y había deseado poder llegar hasta él, lo había deseado
tanto que aún dolía. Cuando Virginia se enamoró de Lyon era consciente de que
no sería fácil llegar a su corazón. Quizás no era algo que pudiera verse a
simple vista pero Lyon tenía más fantasmas en su cabeza de los que nadie podría
imaginarse y Virginia tenía esa extraña capacidad de oler las heridas allí
donde las hubiera. Sólo le basto mirarlo una sola vez con atención para
saber que era lo que lo atormentaba. Tal vez fuera eso lo que más le atrajo de
él, saber que cargaban en su espalda con los mismos errores y las mismas
sombras. No era común, no era sano. Pero Virginia nunca había sido normal
por lo que no le sorprendió. Pero sí que intento negarlo y mucho, por un
período largo de tiempo. Hasta que dejo de hacerlo.
Grave. Craso. Peligroso error.
Virginia había sido lastimada muchas veces con anterioridad, tanto que apenas
estaba en período de reconstrucción cuando decidió exponerse de nuevo a la
posibilidad de ser derrumbada. Por un instante creyó que podría ser diferente.
Otra gran equivocación.
Virginia, tonta, ilusa,
masoquista…perdedora. Virginia se enamoró de Lyon con toda la intensidad
con la que solía vivir su vida. No había otra cosa en la que pensará más que en
él, en su sonrisa, que le gustaba tanto y en sus ojos, grandes y calidos.
Virginia veía a Lyon de una manera en la que nunca podría verse a sí mismo, de
la manera en que el nunca la vería a ella. Hasta que cayó en la realidad y se
dio cuenta que Lyon estaba demasiado encerrado en su soledad, en su pesimismo,
en sí mismo. Y ella también necesitaba alguien que cure sus alas heridas, no
alguien a quién curar.
Era supuestamente Virginia la que
esperaba mucho y Lyon quién se conformaba con poco. Pero como suele pasar, los
roles se habían invertido.
Virginia no había sido suficiente
una vez más. No lo suficientemente linda, no lo suficientemente simpática, no
lo suficientemente inteligente.
Él había sido rechazado muchas
veces, ella también. Lyon quería saber lo que era el amor, Virginia por un
instante había pensado que podría demostrárselo. Pero no, la historia había
tenido el mismo final de siempre, el peor. Lyon se quedó mirándose al espejo,
incapaz de cambiar su realidad. Virginia se quedó reconstruyendo los
pedazos de su corazón.
Los dos eran similares pero no
complementarios. Quizás estaban demasiado rotos, quizás estaban demasiado
desarmados. Les había faltado esperanza, les había sobrado el miedo.
Lyon quiere saber lo que es el amor.
Virginia desea que algún día lo encuentre.
Lyon quiere saber lo que es el amor.
Virginia desea olvidarlo.
I will be right here waiting for you
I will be right here waiting for you.
(Whatever it takes
Or have my heart breaks)
No podrías explicar de qué manera comenzó o cual fue el camino por el que empezó a discurrir toda esta locura…quizás tuvo inicio en su sonrisa o en su primer “hola”. Sólo recuerdas que, cuando lo conociste, el sol arrancaba destellos dorados de su cabello. Fue sólo en el espacio de un segundo, entre que el levanto su mirada y tu corazón se detuvo, cuando todo volvió a tener vida otra vez. Esa incomprensible sensación de que acabas de despertar luego de haber estado dormida durante mucho tiempo. Así como si un príncipe invisible le diera un beso a tu corazón gris y aletargado para que volviera a la vida. Y sucede, y pasa, que tu pecho empieza a teñirse de colores cálidos y que la sangre se te vuelve cosquillas. Hacía afuera también…
¿No te parece ahora que el cielo es aún más azul que antes o que el aroma de los jazmines es aún más dulce? Tus sentidos acaban de encenderse, la piel se hace más sensible a la caricia del viento, eres capaz de identificar el timbre de su voz en una multitud…y no puedes creerlo. No puedes creer que él, ese niño soñador que se ha quedado atrapado entre el tiempo y la fantasía, haya sido capaz de desvanecer todas tus sombras de golpe y porrazo.
Porque sí, él es luz de sol, que brilla y deslumbra. Tuviste que sacudir varias veces la cabeza hasta acostumbrarte a verlo. Él no es como nadie que hayas conocido antes. Él no es como nadie que hayas amado antes. El alma de Valentino está hecha de cosas imposibles. Sus palabras contienen ese encanto que te lleva a creer que el mundo es un lugar mágico donde cualquier cosa puede pasar. Sus ojos, transparentes e ingenuos, son dos puertas que te invitan a la esperanza, a la convicción de que no has visto nunca nada tan dulce. No sabes si el hechizo esta en esa suave amabilidad con la que te trata o en el loco mundo que es su cabeza. Sólo sabes que eres capaz de hacer cualquier cosa por verlo sonreír. Por estar a su lado.
Virginia, triste princesa maltrecha, has encontrado por fin al caballero que te rescató, aún sin saberlo, de esa prisión de sueños rotos y lágrimas congeladas, que tu misma te habías construido. Aquí esta tu príncipe, el que siempre esperaste, con su brillante armadura de cortesía y su bella espada labrada de historias, de imaginación y bondad. Aquí esta tu príncipe, capaz de ahuyentar al invierno, capaz de enfrentar al mundo para mostrarse tal cual es. Y no tiene monstruos en su corazón ni fantasmas a su espalda. Es tan puro y claro como siempre lo quisiste, y todo él grita que puede sanarte.
La resolución esta en tu corazón, esta vez no dejarás que el miedo se lleve la victoria. Encontrarás la manera de construir la valentía que te ayude a llegar hasta su mundo, hasta sus pensamientos. No importa cuán lejos este o cuán poco sea capaz de verte, buscarás la táctica y la estrategia para salir de la invisibilidad. Sin prisa, sí, pero sin pausa. No importa que tengas que esperar dos años, ni diez, ni mil pero encontrarás una forma de estar a su lado así no sea de la forma en que tu quieres. Estará bien sólo por verlo reír.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)