La vida merece la pena.
Sí, es cliché, es lo típico, lo tópico, la frase que todo el mundo cita pero que nadie recuerda. Aunque para mí es una certeza casi tan segura como la muerte.
No pretendo dar clases existenciales a nadie, ni hablar durante páginas y páginas de mi largo y exhaustivo paso por el mundo como si en vez de tener diecinueve años tuviera setenta. Sólo trato de dejar claro un hecho: la vida si merece la pena. Leer, escribir, sentir la música cuando la escuchas, bailar como una loca al son de una canción de la que no entiendes la letra, cantar hasta que la garganta te duela aunque no afines ni una sola vez, llorar con esas patéticas comedias románticas que, en el fondo, todo el mundo adora. Todo eso, así como el hambre, la guerra, la pobreza y el dolor forman parte de la vida pero... ¿por qué hablar de lo malo? ¿por qué sentarme aquí, con mis agujas de tejer, mi madeja de lana y gafas de abuela, y no contarles sobre lo bonito, lo bueno, lo épico de este mundo? Deja de mirarme así, sí lo hay. Ya habrá tiempo para llorar el mundo real-por desgracia habrá tiempo de sobra- vamos a dejar que este rincón se llene sólo de arcoiris, de mágia, de unicornios y de todas esas historias que nos contaban cuando éramos pequeños.
Volaremos hasta los confines más lejanos de la la tierra y enfrentaremos a monstruos y gigantes, quizás hasta algún dragón. Esas criaturas que viven en las sombras y se alimentan del miedo de las personas. Podremos deslizarnos por toboganes infinitos que nos lleven hasta el final de un arcoiris y podremos columpiarnos con las hadas en un bosque mágico. Podremos ser princesas, grandes guerreros y quizás el villano ¿por qué no?
No, no tengas verguenza ni miedo de admitirlo, a ti también te gusta todo eso. ¿Y qué si es infantil? ¿y qué si te hace sentir como si fueras nuevamente un niño?
Tú y yo tenemos un trato, un pequeño secreto, no vamos a crecer nunca: seremos siempre pequeños por dentro.
Cuando la realidad estalla en nuestra cara y nos obliga a mirar de frente al dolor nos asustamos y ponemos en duda todo aquello que creíamos saber. Algo terrible como la enfermedad de un familiar, la muerte de un amigo, la traición de un familiar o tal vez la historia de alguien conocido o de alguien que no conocemos pero que nos ha afectado especialmente porque, a veces, somos así de sensibles. Es en ese momento cuando todo el mundo se nos desarma, se nos viene abajo, como si fueran las piezas mal encajadas de un rompecabezas. Pero es importane que sepas que te queda mucho camino por delante para superarlo, no importa si tienes quince, treinta o ciento veinte años porque siempre, siempre podrás superarlo si te queda algo de esperanza, esa cosa verde que todos tenemos dentro porque uno nunca sabe cuando va a necesitarla.
Y sé fuerte, como los héroes de las historias que tanto nos gusta escuchar. A lo mejor no siempre hay una persona que te preste su hombro pero aquí nunca te faltará una historia sobre la que poder llorar.
(Y reír. Reír hasta el infinito y más allá)
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