Es increíble. Eso era lo
único que podía pensar en ese momento. La inseguridad flotaba en el aire, lo
consumía. Rose aspiró con fuerza, con esperanza, pero se sentía ahogada…y exhausta. Nada
estaba saliendo como ella quería. Nada. Todos los planes, aquellos que le
habían consumido las neuronas y el tiempo, se desvanecían frente a sus ojos
como si fueran castillos en el aire. Como si no tuvieran cimientos, como si
ella no hubiera pasado horas y horas colocando cada ladrillo en el lugar
indicado. ¿Y ahora qué hacía con todos sus sueños, con todo su esfuerzo, con
todas las lágrimas que se habían evaporado bajo el maldito sol de las
ilusiones?
-La vida es así, a veces ganas y a veces pierdes, lo importante es que
lo has intentado-
Le había dicho su madre para consolarla cuando le contó la nefasta noticia. Pero
Rose pudo ver la decepción que se escondía detrás de sus ojos. Otra vez
fallaba, otra vez volvía a ser la pequeña inconsciente que por querer atraparlo
todo se quedaba con la nada. Otra vez volvía a defraudarlos, otra vez volvía a
demostrar que su único talento era perder. El arte de perder.
El arte de ser una fracasada, Rose. Se dijo a sí misma mientras se miraba al
espejo.
Pero
debía sonreír. Debía seguir bailando
al compás de una mentira para demostrar que ella era fuerte-aunque no lo fuera ni un poco.
En
eso sí que era buena, en actuar, en pretender. Actriz. Así es como deberían
llamarla. Siempre intentando llenar expectativas, complaciendo. Ensayando las
sonrisas, ensayando las palabras, actuando la vida. Era perfecta, tenía que ser
perfecta.
Eso es lo que quiere creer.
Así que levantó el
mentón, sonrío con una sonrisa plástica, tan vacía como se sentía por dentro, y
le prometió a su madre que lo volverá a intentar.
Aunque por dentro lo único que quiera sea esconderse en el fondo de un
armario vacío.
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