Pasé las páginas
de la gastadísima libreta. Ahí estaban. Líneas y líneas de conversaciones
imposibles de entender, de relatos increíbles, de dibujos infantiles, de las
estúpidas reflexiones que me había atrevido a mostrarle. Cientos de páginas
manchadas de tinta negra. Historias capaces de hacerte llorar.
Aquella era nuestra locura.
Le devolví el cuaderno con una sonrisa, y ella garabateó lo siguiente:
"Quiero ir a un concierto y que gritemos como locos.
Quiero dar un discurso y que la Humanidad me escuche.
Quiero cantar bajo la lluvia y coger una pulmonía.
Quiero decir <<¡Espera!>>, y que todo se detenga.
Quiero que seas mi voz."
Noté cómo se me encogía el corazón.
Sus cuerdas vocales no funcionan...
Aún así, las palabras de Heather son únicas en el mundo.
Aquella era nuestra locura.
Le devolví el cuaderno con una sonrisa, y ella garabateó lo siguiente:
"Quiero ir a un concierto y que gritemos como locos.
Quiero dar un discurso y que la Humanidad me escuche.
Quiero cantar bajo la lluvia y coger una pulmonía.
Quiero decir <<¡Espera!>>, y que todo se detenga.
Quiero que seas mi voz."
Noté cómo se me encogía el corazón.
Sus cuerdas vocales no funcionan...
Aún así, las palabras de Heather son únicas en el mundo.
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