Éramos amigas...
Y a veces recordar que es pasado...duele. Sí, aunque
me cueste admitirlo, aunque nunca vayas a saberlo. Duele a pesar de que halla
sido yo quien decidió alejarse, y duele mucho más cuando me acuerdo de que no
te necesito nuevamente en mi vida, que estoy más resuelta que nunca a dejarte
ir. Porque en realidad entendí que nuestra amistad no nos llevaba a ningún
lado, que se sostenía de memorias y de risas que nunca más volverían a
escucharse. Porque esos tiempos que eran mejores, cuando solíamos pasar noches
enteras riendo de nada y charlando de todo, no regresarán nunca más. A veces
también se me da por pensar el como nos cuesta asumir la palabra “nunca” cuando
todo esta perdido. La impotencia que se siente al concluir con un “nunca más”
una amistad como la que tuvimos. ¿No lo entiendes, cierto?.
Estoy quebrada, estoy rota, estoy cansada. Abatida
porque fui hasta el límite por nuestra amistad y no me sirvió de nada. Deje de
ser yo para salvarnos. Deje de ser yo para salvarte. Creí de verdad que algo
tan simple como lo que nos distancio no podría derrotarme. Pero nos derroto y
estoy exhausta. Y no tengo más fuerza.
Cuando estoy como ahora, sola, en medio de la noche y
no me queda más remedio que ser sincera conmigo misma, me doy cuenta de lo
mucho que me haces falta. Siempre trato de ignorar ese vacio que siento, y que
intento tan fervorosamente de llenar con otras personas, con otras vivencias,
pero no puedo.
¿Te acordas de cuando estábamos horas y horas
imaginando como podíamos cambiar el mundo?
Cuanto cambiaste desde entonces. Cuanto cambie yo.
¿Cuánta distancia nos separa ahora de aquellas niñas de trece años que se
perdían en su mundo de cosas tan simples, como un libro o una canción?
Ya no sé si te hecho de menos a vos, o a la que fuiste
alguna vez, o si hecho de menos a quien era yo cuando vos estabas al lado mío.
No, no te equivoques, no pienso que toda la culpa halla sido tuya. Y siempre
voy a decir que fuiste vos quien me enseño a ser amiga. ¿Será por eso
que me cuesta tanto dejarte ir aunque quiero que te vayas?
Creo que en este momento soy toda una contradicción.
No me da vergüenza admitir que al principio te usaba porque estaba sola, porque
me convenías. Pero con el tiempo eso cambio, vos lo cambiaste. Antes de vos, yo
nunca había valorado a mis amigas. Pero con tus actitudes, que en este momento
no sé si eran autenticas o no, me demostraste que existían más personas aparte
de mí.
Sé, con todo el dolor del alma, que a pesar de que me
soportaste en una de las depresiones más grandes de mi vida y luego de haberme
enseñado tanto, te defraudé. Te deje de lado por perseguir un sueño imposible
con el cual vos no compatibilizabas. Te cambie por él y por un puñado de amigas
nuevas. Yo sé que me viste diferente, yo sé que te impresionaste cuando estaba
cambiando todo lo que había sido. Cuando vos sentías que ya no teníamos nada
que ver.
Y te deje sola frente a un mundo que siempre fue
demasiado pesado para tus hombros. Para tu espíritu frágil. Sé que te di una
amiga y te la quite. Tal vez te dolió tanto como a mí en este momento o tal vez
no. O tal vez nunca me sentiste tu amiga.
Y después, seguiste tu camino sin mirar atrás. No te
reprocho ¿cómo podría?, si te empuje a eso. Me arrepiento, y no recuerdo
haberte pedido perdón alguna vez, me gustaría hacerlo con esta carta, si es que
alguna vez la lees.
Entonces, cuando era tarde, volví pero ya no te
conocía. Cuando creía hacerlo. Me sentí tan culpable, tan tonta.
Nunca quise obligarte a nada, solamente quería
recuperar lo que nos había unido. Quería recuperar a mi mejor amiga. Pero todo
en la vida vuelve, de forma cruel, vuelve. Y me tocó a mí el turno de la
traición. Me mentiste y de verdad me dolió. A pesar de todo nunca había dejado
de considerarte mi mejor amiga sobre todo el mundo. Te tenía idealizada como la
mejor persona que se me cruzó por el camino.
Quizás, si me hubiera parado a escuchar un poco más, o
si hubiese leído entre líneas sin dejarme distraer por ruidos externos, habría
logrado comprenderte un poco más pero no pude. No puedo.
Y te juro por lo que quieras que me dolió pero no
tanto como para no volver a intentarlo...dos veces más. No pude hacer nada. No
pude con eso en lo que te convertiste o en lo que te convirtieron. O en lo que
me convertí. Pero te vuelvo a jurar que lo intente, cambiar mis prioridades,
cambiar yo, cambiarte...cambiar el mundo para que volviera a ser como antes.
Agote todas las posibilidades y exprimí hasta la última alternativa, hasta que
ya me dolía con tanto ímpetu que caí. No puedo ni quiero volver a levantarme.
Porque hubo un día en que te vi y no supe como actuar.
Ese día en el cual descubrí que había una muralla entre las dos, y que me había
golpeado un montón de veces contra ella. Lo que pasaba era que hasta que no la
vi en tus ojos, no vi lo real que era, así que en ese momento decidí que ya no
podía más, que atravesarla era imposible, que saltarla era imposible, y
escalarla también. ¿Cómo hacerlo si ya no quería mantenerme en pie?
Aún así...
A veces, cuando esa debilidad, que tengo amarrada con
cadenas en el rincón más oscuro de mi inconsciente, logra liberarse, empiezo a buscarte.
En nuestra niñez compartida, en esas cartas tuyas que están escondidas dentro
de una caja empolvada bajo el placard, en el arcoíris incoloro de los sueños
infinitos que tejimos juntas. Y cuando te encuentro, me hundo en la tristeza de
las palabras dichas que vendiste entre la soledad y la conveniencia.
Ese es el mismo momento en el que deseo volver a
perderte, en el mismo rincón del recuerdo, ahí donde el olvido condena, donde
las lagrimas se pierden entre la verdad y la mentira, donde se confunde la
distancia con el tiempo. Ahí donde confundiste mi ausencia con traición, y
perdiste esa honestidad que yo admiraba.
No me gusta mirar tus ojos vacios, donde ya no quedan
rastros de ese brillo tan especial que tenían cuando te conocí...antes que
todos. Te rompieron ¿cierto?, siempre fuiste tan débil, tan frágil y te
quebraste...y ahora sólo eres una marioneta movida por los hilos de la
desesperación. Te llevaron, te arrastraron, te equivocaron. Que triste, que
trágico, que irónico. Yo, que te escuche hablando sobre un mundo mejor, te veo
destruyendo todo aquello en lo que alguna vez creíste. ¿Siempre fuiste así?.
¿Sabes?, no quiero dejar de escribir porque no sé si
volveré a tener fuerzas para hacerlo.
Nunca quise seas una persona distinta a la que eres, solo quise comprender ese silencio, solo quise volver a mirarte sin sentir decepción, sin que te sintieras decepcionada.
Nunca quise seas una persona distinta a la que eres, solo quise comprender ese silencio, solo quise volver a mirarte sin sentir decepción, sin que te sintieras decepcionada.
Hablar de todo me cuesta, porque es volver a hablar
del pasado. No es fácil olvidar la amistad cuando se la creyó verdadera, no es
fácil borrar los recuerdos. Ni olvidar esa época en que caminábamos por la vida
dejando huellas al pasar, huellas que hoy no existen si no en mi corazón. Son
las cadenas que llevo y de las que no consigo liberarme. Y me pongo a pensar,
tal vez fui brutal a la distancia, tal vez me comporte erróneamente, tal vez en
medio de mi desesperación dije o hice cosas sin sentido. Hoy cuando hablo de
todo esto se me apaga la voz, y siento ganas de pedir otra oportunidad, pero al
final me doy cuenta de que es inútil.
Mil veces intente convencerme de que un día miraríamos
hacía atrás y veríamos que no todo estaba perdido, de que con optimismo,
esfuerzo, voluntad y empeño se podía volver a comenzar y recuperar aquellos
tiempos de fatídica soledad. Pero ahora estás tan distinta que no reconozco
aquella persona que alguna vez fue mi amiga. Y eso puso fin a la ingenuidad de
mi consuelo. Y eso me enfurece, me deprime, me duele...¿Por qué?
Porque existió un tiempo en que éramos amigas.
Y finalmente, ¿sabes qué?...No fuiste vos quien me
lastimó. Sigo siendo yo la que se lastima, fueron aquellas expectativas que se
quedaron guardadas, que se perdieron no sé en que momento, que simplemente...
se esfumaron, tan rápido como "nuestra amistad".
Sí, fueron esas expectativas. Siempre pensé que
nuestra amistad sería especial, que sería capaz de sobrepasar la barrera del
tiempo; que vería pasar estaciones incontables; tenía tantas esperanzas puestas
en vos; necesitaba tanto alguien en quien confiar...
Supe que ambas teníamos cosas que enseñarnos, que la
vida nunca se equivoca, que nos tenía sorpresas preparadas y sin duda no creo
haberme equivocado...
Sí, cosas buenas y
malas.
Te agradezco todas lecciones de vida que me enseñaste,
cada uno de los motivos que en justo momento me diste para sonreír, y
especialmente, te agradezco por haberme enseñado a valorar la verdadera
amistad. Puesto que a pesar de que el panorama luzca sombrío, siempre existe
esa luz que te indica el camino para continuar, para sanar las heridas...
Y creo haberlo encontrado...
Gracias, sí y adiós... A veces las cosas suelen ser
así de ambivalentes.
No hay comentarios:
Publicar un comentario