lunes, 4 de febrero de 2013

El río que no descansa


El río que no descansa
“Es una perfecta noche de verano” Pensó ella mientras hundía sus pies en la tibieza de aquellas aguas susurrantes. El río estaba tranquilo. La luna arrancaba destellos color plata de la superficie tersa cual terciopelo azul; concediéndole al paisaje un halo de ensueño. La brisa era cálida, tanto que cerró los ojos sólo para sentir su leve caricia en el rostro y el alma. Lo necesitaba tanto que aspiró con fuerza. El dulce aroma de la libertad que inundó sus pulmones le hizo esbozar una sonrisa lastimosa pero no logró barrer ninguna de sus penas. Sólo pedía una bocanada de aire. Sólo pedía una bocanada de esperanza.
A lo lejos vio como la corriente arrastraba con lentitud lo que parecía ser un pequeño tronco de madera. “El río no detiene nunca su marcha” Se dijo “Y el tiempo tampoco...el tiempo tampoco. Volvía cada noche a las orillas del Sena usando el mismo vestido blanco sólo para aguardar su regreso, para cumplir una antigua promesa de amor eterno. Ella no recordaba ya ni el nombre ni el rostro de aquel a quien había despedido en ese mismo lugar muchos años atrás pero hacía un millón de lunas que lo esperaba, por más vacias que estás parecieran.
Permanecía allí parada mirando al horizonte durante toda la noche hasta que el amanecer estallaba con todos sus colores y se veía obligada a volver a casa arrastrando toneladas de sueños marchitos y la promesa de un mañana. De un mañana que nunca iba a llegar.
En el pueblo decían que su verdadero amor era aquel río que fue testigo de tantas lágrimas. Y en parte era verdad porque aunque esas aguas jamás pudieron lavar su dolor, ni ahogar cada una de sus angustias, se habían quedado con lo mejor de ella misma. Con sus años de plenitud y belleza, con sus memorias, con su vida...
Eran almas gemelas. Ella, como aquel río, nunca descansaba de su espera aunque ello la arrastrara siempre al mismo punto de confluencia entre el sufrimiento y la esperanza, aunque ello desembocara siempre en el mismo mar de olvido.

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